No derramó ni una sola lágrima por él, tan solo se quedo ahí, atónita, sin saber como reaccionar, entonces, en el momento en que él se quiso acercar para ver si estaba bien, ella se dio media vuelta y se fue sin cruzar una palabra, ni tan siquiera una mirada, pues sus ojos se habían perdido en la inmensidad y el bullicio de la ciudad. Empezó a caminar, primero iba a un ritmo rápido y tembloroso, luego ya fue a un paso calmado y constante, seguía el ritmo de sus latidos, pero la muchacha seguía sin llorar, ella tenia que demostrar su fortaleza, no podía rebajarse a humedecer sus ojos por alguien que no la amaba. Fue entonces cuando él la llamó con todas sus fuerzas, ella miro atrás, lo vio, y de repente rompió a llorar, no pudo fingir más que lo sucedido no le afectaba, su fachada de niña fuerte se esfumó junto con la primera lágrima que resbaló por sus rosadas mejillas.